Historia del Aloe Vera

Desde hace miles de años, el hombre ha estado utilizando el Aloe Vera, al igual que otras plantas medicinales, como planta curativa gracias a su demostrada eficacia en el tratamiento de las quemaduras, las picaduras de insectos o la cura de heridas e irritaciones dermatológicas. Los documentos más antiguos donde se cita su uso y aplicación los podemos encontrar en escritura cuneiforme en la tabla de arcilla de Asurbanipal, cuya antigüedad se remonta a los albores de la humanidad. Que esta planta ha sido muy importante para las antiguas civilizaciones y culturas lo demuestra el hecho de que también, por ejemplo, se menciona en el diccionario botánico Asiris de Thomson, en cuyos textos aparece el Aloe Vera con el nombre de Sibaru. Pero todo apunta a que su actividad curativa va incluso más allá de un mero regenerador de nuestra piel.

La palabra Aloe, proviene del vocablo hebreo alloeh  y significa  “sustancia amarga brillante” , mientras que  la palabra Vera  tiene  su origen en latín y quiere decir  “verdad” . Así pues, atendiendo  al significado de uno  de sus muchos nombres, podemos  afirmar  que “amarga  y brillante verdad” nos regenera y devuelve la salud. Y decimos uno de sus muchos nombres porque el Aloe, al ser una planta que  tiene multitud de variedades de cada especie, (300),  es también 
llamado lináloe, sábila, zábila, pita, pita de zábila, salbila… dependiendo de la localidad en donde se encuentre.  Así, en nuestro país  se conoce esta planta bajo  distintos nombres según la región: en  castellano,  como sábila o zábila; en catalán, como atzavara; en  gallego, como herba babosa; y en eusquera, como belaaminztza.  El nombre de sábila  (y sus variantes) es de procedencia árabe  y es atribuido a la deformación del término çabila, que significa “planta espinosa”. Y en hebreo se traduce   como sabra, que es  un término  relacionado con el  concepto de la paciencia y con la resistencia de esta planta.

Nuestro organismo dispone de la medicina natural y de la fitoterapia (consumo de plantas que son beneficiosas para combatir enfermedades) como una forma de reforzar los procesos naturales de curación. De todas las plantas conocidas, pocas reúnen la ingente cantidad de propiedades curativas para nuestro organismo que posee el Aloe Vera. De las tres mil especies de plantas medicinales acreditadas a nuestro alcance, ésta es la que más fascinación ejerce sobre los consumidores que la conocen y que han logrado degustar alguna de sus inagotables propiedades.

En el ancho mundo crecen unas trescientas especies de Aloe, pero esencialmente son dos las variedades que se utilizan para uso comercial en la industria farmacéutica, cosmética y alimenticia por reunir las condiciones curativas necesarias. Una es el Aloe Barbadensis Miller, asimismo conocido como Aloe Barbados, y la otra especie es el Aloe Arborescensis. Estas dos especias vegetales se crían en las Islas Canarias, la India, Australia, África, América de Sur, América Central, a lo largo de la costa del Pacífico y en los países del Caribe.

Los cuantiosos análisis químicos a que está siendo sometido este poderoso jugo, han demostrado que, entre otros muchos componentes, contiene aminoácidos esenciales, vitaminas, enzimas, polisacáridos y estimuladores biológicos, fundamentales para un correcto funcionamiento del organismo.

El Aloe Vera interviene vivamente sobre el mecanismo de las prostaglandinas, a través de las cuales las células salvaguardan su integridad, además de poseer un efecto antiinflamatorio propio que actúa a nivel celular, provocando la autoregeneración de los tejidos afectados.

En el año 1951 se dio un gran salto sobre las condiciones terapéuticas del Aloe Vera. Los doctores Niemann e Ikawa descubrieron que la pulpa (parte interior de la hoja) estaba compuesta básicamente por varios polisacáridos o azúcares. Dándose cuenta que los polisacáridos y los monosacáridos eran los vitales responsables de las condiciones terapéuticas de esta planta. Se comprobó que dichos azúcares son los que le otorgan a la planta muchas de sus virtudes, demostrándose la capacidad que poseen en la estimulación del sistema inmunitario, así como su utilidad, apuntada en las últimas investigaciones, en todas aquellas enfermedades relacionadas con la inmunodeficiencia, como el cáncer y el sida. Sin ir más lejos, el Acemanano, ha demostrado ser muy efectivo como regenerador de los tejidos dañados, ya que estimula el sistema inmunológico, a la vez que facilita la creación de células fibroblásticas, con lo que aumenta la proporción de la actividad metabólica y la replicación celular, fundamentales en todos los procesos curativos.

Algunos años más tarde, el equipo del doctor Gunnar Gjerstd, de la Universidad de Texas, encontró los principales elementos inorgánicos presentes en el Aloe Vera: cloro, calcio, sodio, potasio, magnesio y manganeso. El profesor Gunnar se dio cuenta que en total son más de veinte los minerales que se hallan en la planta del Aloe Vera.  Sin embargo, por un tiempo, centró su investigación sobre los aminoácidos y observó, con asombro, que nuestra milenaria planta contenía 18 de los 22 aminoácidos que están presentes en el organismo humano, y siete de los ocho que se consideran esenciales, además de encontrar vitaminas como la B1, niacina, vitaminaB2, B6, y colina, y un total de 80 componentes nutricionales de los tejidos.  Debido a la gran cantidad de propiedades que posee, el zumo de Aloe Vera tiene infinitas aplicaciones en el mundo de la medicina.

A través de los tiempos se ha ido decretando su composición y descubriendo nuevas aplicaciones. Muchas de estas aplicaciones fueron poco a poco incorporadas a medicamentos que normalmente utilizamos a diario. Existen cerca de 3000 informes científicos realizados desde 1920 hasta 1990. En las dos últimas décadas no han dejado de hacerse nuevos estudios. En todos ellos se describen las propiedades curativas del zumo de Aloe Vera, ya sea ingerido, ya sea aplicado tópicamente.  Está muy estudiado el efecto benéfico que el consumo diario del zumo de Aloe Vera tiene sobre el aparato digestivo, sobre todo en el tratamiento de dolencias como diarrea, acidez estomacal o colon irritable, así como en los casos de gastritis y úlcera, en los que el  zumo de Aloe Vera actúa como cicatrizante y antiácido.

Su eficiencia se debe, en primera instancia, a que los componentes de esta maravillosa  planta presenta una estructura similar, al ácido acetilsalicílico, que, en combinación con el magnesio que también contiene el zumo de Aloe Vera, produce un efecto anestésico. Asimismo los científicos del equipo del doctor Gunnar Gjerstd, que estudian en profundidad esta planta han descubierto que sus propiedades actúan sobre el mecanismo de las prostaglandinas, a través del cual la célula mantiene toda su integridad, además de que sus nutrientes naturales: minerales, vitaminas, aminoácidos y encimas, estimulan la producción de nuevas células en nuestro organismo.

Durante la Edad Media, en la época de las Cruzadas, el pueblo árabe conocía perfectamente las propiedades del zumo de Aloe Vera, al que consideraban el remedio por excelencia. Cuando invadieron Al-Andalus cultivaron grandes extensiones de terreno con esta planta medicinal. Fue así como se conoció y comenzó a utilizarse en toda la Península y a difundirse por el resto de Europa. El médico cordobés Averroes nombró el zumo de Aloe Vera en su extensa obra médica para curar algunas dolencias. En vida del médico andaluz, Andalucía era un gran centro cultural y científico, y todos los galenos se maravillaban de las inmejorables propiedades que poseía la planta y de las cuantiosas curaciones que ofrecía.  El zumo de Aloe Vera también se nombra en el libro sagrado de la Biblia: el Cantar de los Cantares, los Números o en los mismos Evangelios. Todas estas sagradas escrituras lo nombran repetidamente. Fue Nicodemo, el que había ido de noche a ver a Jesús de Nazaret, llevando en su alforja zumo de Aloe Vera y  mirra perfumada para amortajar el cuerpo del Sin Pecado y envolverlo en lienzos, impregnado de estos dos componentes, según la costumbre sefardí, de enterrar a los muertos.  

También el gran descubridor del continente Americano, el Almirante Cristóbal Colón, menciona el Aloe  Vera como una de las plantas medicinales empleadas entre su tripulación para las emergencias médicas, tal y como podemos comprobar en esta cita: <<Cuatro son los alimentos que resultan indispensables para el bienestar del hombre: el trigo, la uva, el olivo, y el Aloe Vera. El primero alimenta, el segundo le levanta el ánimo, el tercero le aporta armonía y el cuarto le cura el organismo.